Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025: calor extremo, sequías e incendios marcaron un año de impactos crecientes
El informe elaborado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), advierte sobre el aumento de los eventos extremos en la región. Sequías persistentes, olas de calor e incendios forestales marcaron un año de fuertes impactos sobre los ecosistemas, la producción agropecuaria y las comunidades.
19 de junio de 2026
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó su informe Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025 que, entre otras cosas, advierte sobre la intensificación de los fenómenos climáticos extremos en la región. El documento señala en sus mensajes clave que “el aumento de las temperaturas terrestres y oceánicas, la alteración del ciclo hidrológico y el retroceso de los glaciares están profundizando los riesgos para la población, los sistemas productivos y los ecosistemas”.
Entre los principales hallazgos, se destaca que 2025 se ubicó entre los años más cálidos registrados en América Latina y el Caribe. Las olas de calor fueron “más frecuentes e intensas”, mientras que las sequías persistentes y los eventos de precipitación extrema “afectaron amplias zonas de la región, con consecuencias sobre la disponibilidad de agua, la producción agropecuaria y la salud de las comunidades”.
El reporte identifica déficits significativos de precipitación en distintas regiones de Sudamérica. Por caso, en el norte de la Patagonia argentina, algunas localidades registraron lluvias anuales más de un 40% por debajo de los valores medios históricos. La ciudad de Esquel, en la provincia de Chubut, experimentó el año más seco desde el inicio de sus registros, con apenas 243,6 mm de precipitación acumulada.
Condiciones similares afectaron a extensas áreas del centro y sur de Chile, particularmente en la región de Los Lagos. Según la OMM, esta situación favoreció el desarrollo de grandes incendios forestales durante la temporada estival 2025/2026 en ambos países, “evidenciando la estrecha relación entre sequía, altas temperaturas y aumento del peligro de incendios”.
José Marengo es Coordinador de Investigación y Desarrollo del Centro Nacional de Monitoramento e Alertas de Desastres Naturais (CEMADEN), de Brasil y primer autor del informe. En relación a cómo la combinación de sequía, altas temperaturas y cambios en los patrones de precipitación está modificando el riesgo de incendios forestales en el sur de América del Sur, manifiesta: “La sequía trae consigo las altas temperaturas, vientos más fuertes y falta de precipitaciones. Todo eso es un ingrediente, una fórmula para aumentar el riesgo de incendios. Por otra parte, cuando el incendio ya se instala estas condiciones aumentan la propagación. Luego está la alta velocidad del viento, que es otro determinante para el aumento del riesgo de incendios, particularmente en toda América del Sur. En ese sentido es necesario atacar las causas de ignición que generalmente son humanas, mientras que el aumento del riesgo de propagación sí puede ser complicado por el clima”.
Los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos también pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas agroalimentarios de América Latina y el Caribe. El reporte advierte que los impactos climáticos afectan simultáneamente la producción agrícola, los activos productivos rurales, el funcionamiento de los mercados y el acceso físico y económico a los alimentos.
Olas de calor sin precedentes en América del Sur
El calor extremo fue otro de los rasgos más destacados del año. En Brasil se registraron siete olas de calor en distintas regiones del país: “En el estado de Rio Grande do Sul y en partes de Río de Janeiro, las temperaturas superaron los 40 °C desde enero hasta principios de marzo. El verano austral de 2024/2025 fue el más cálido desde 1961. En el sur del Brasil, el calor extremo alteró la vida cotidiana: las escuelas retrasaron la vuelta a las aulas después de las vacaciones y la gente buscó alivio en las playas y los refugios climáticos públicos. El 16 de febrero se alcanzaron 44 °C en Río de Janeiro; en las capitales de Florianópolis, Campo Grande y São Paulo, la temperatura superó los 37 °C el 17 de febrero”.
El verano austral 2024/2025 fue el más cálido observado desde 1961 y provocó alteraciones en las actividades cotidianas, incluyendo la postergación del inicio de clases en algunas zonas del sur brasileño.
Bolivia también experimentó episodios significativos de calor extremo. En septiembre, la localidad de Ascensión de Guarayos alcanzó 40,6 °C, estableciendo un nuevo récord de temperatura para esa localidad.
A partir de la segunda quincena de febrero de 2025, una extensa ola de calor afectó al norte de Argentina, Paraguay y Uruguay, con temperaturas superiores a los 40 °C y anomalías térmicas de hasta 10 °C por encima de los valores normales para la época. Entre fines de enero y mediados de febrero de ese año, varias localidades argentinas registraron máximas históricas, entre ellas Rivadavia (46,5 °C), Reconquista (43,7 °C) y La Rioja (45,0 °C).
La OMM señala que este aumento de la frecuencia e intensidad de los eventos de calor “representa un desafío creciente para los sistemas de salud pública y para la gestión del riesgo en las ciudades, especialmente en contextos de alta exposición y vulnerabilidad social”.
“Es necesario fortalecer la adaptación y la gestión del riesgo porque las sequías y olas de calor están aumentando, al igual que los eventos de precipitaciones extremas y también de olas de calor. Y esta combinación de sequías, olas de calor y viento favorece la aparición de incendios forestales”, advierte Marengo.
Incendios forestales: una temporada moderada en el contexto regional
La temporada regional de incendios forestales de 2025 fue considerada moderada en promedio para toda la región de Latinoamérica y el Caribe, “pese a las condiciones meteorológicas favorables para la propagación del fuego” en varias zonas de Sudamérica, señala el informe.
Las estimaciones del Sistema Mundial de Información sobre Incendios Forestales (GWIS) indican que la superficie total quemada en América Latina y el Caribe se ubicó por debajo de la media climatológica correspondiente al período 2021-2025. Pese a esto, el reporte señala que en el sur de América del Sur la sequía duró todo el año, y que “zonas del norte de la Patagonia argentina se vieron especialmente afectadas, dado que en algunos lugares las lluvias anuales fueron más de un 40% inferiores a la media. Estas condiciones secas “contribuyeron a que se declararan grandes incendios forestales en ambos países durante el verano de 2025/2026”.
Además, las condiciones de calor extremo incrementaron el peligro de incendios forestales a lo largo de la cordillera de los Andes, especialmente en la frontera entre Argentina y Chile, donde se produjeron incendios de gran magnitud que abarcaron extensas áreas boscosas durante el verano austral.
El investigador del CEMADEN pone el foco en la preparación: “Por ejemplo, aquí en Brasil si hay riesgo de incendios los gobiernos estatales y municipales tienen ya preparadas sus brigadas. Otro tema a considerar son los factores humanos y políticos, de gobierno, de control, todo eso es parte de la gestión y manejo del riesgo y la adaptación. Hay que prever y sobre todo monitorear las condiciones y en paralelo impulsar políticas de prevención, no esperar a que los incendios se instalen”.
El informe concluye que la creciente exposición de la región a fenómenos extremos refuerza la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo, alerta temprana y gestión del riesgo: “En un contexto de aumento sostenido de las temperaturas y mayor variabilidad hidrológica, la información climática y ambiental resulta fundamental para anticipar impactos y mejorar la capacidad de respuesta de gobiernos, instituciones y comunidades”.
Así, los resultados presentados por la OMM subrayan la importancia de las iniciativas regionales de observación y monitoreo para contribuir a la reducción del riesgo de desastres y a la construcción de territorios más resilientes.
Acerca del SIGRIFSA
Como parte del Centro Regional del Clima para el sur de Sudamérica (CRC-SAS), el SIGRIFSA busca contribuir a la implementación de sistemas integrados de gestión de incendios forestales basados en la combinación de la ciencia y los enfoques para la gestión del fuego con aspectos socioeconómicos en múltiples niveles.