Miradas Regionales: Indicadores de sequía y toma de decisiones. Avances y desafíos en el monitoreo regional
“Miradas Regionales” es el nuevo ciclo de entrevistas del CRC-SAS orientado a poner en valor el trabajo del proyecto ENANDES+ a través de sus protagonistas: equipos técnicos, expertos y referentes nacionales, regionales e internacionales, miembros de la iniciativa regional. En esta segunda edición, el Dr. Pablo Spennemann comparte su experiencia en el desarrollo de herramientas aplicadas y su trabajo en el indicador combinado de sequías agrícolas para Sudamérica. La conversación pone el foco en los desafíos de representar la complejidad del fenómeno, la importancia de los enfoques sectoriales y el rol de los usuarios en el diseño de productos climáticos.
30 de marzo de 2026
Con formación en Ciencias de la Atmósfera, Dr. Pablo Spennemann orientó su trabajo hacia el estudio de la humedad del suelo y su interacción con la atmósfera, un enfoque que lo llevó a especializarse en el monitoreo de sequías. Como investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), desde 2018 se desempeña en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) del mismo país, donde trabaja en el desarrollo de productos y herramientas climáticas para el monitoreo y pronóstico de sequías. En este marco, a partir del desarrollo del Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica - SISSA, este trabajo dio lugar al desarrollo del “Índice combinado de sequías agrícolas para Sudamérica” 1, actualmente en proceso de adaptación para incluir regiones con menor densidad de observaciones meteorológicas, como la Región Andina.
En esta entrevista, proponemos recuperar el recorrido de las líneas de trabajo, el enfoque y explorar los avances y desafíos asociados al monitoreo de sequías, así como su aporte a la generación de información útil para la toma de decisiones.
Entrevistador (E): ¿Cómo surge esta propuesta de generar el índice combinado para ENANDES+?
Pablo: Es una propuesta de trabajo que retoma el desarrollo iniciado en el Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica - SISSA. El producto inicial se denomina indicador combinado de sequías agrícolas para Sudamérica y es fruto de un trabajo e investigación que surgió principalmente a partir de interacciones con instituciones del exterior. Así como SISSA tenía vínculos con instituciones de Estados Unidos —con el National Drought Mitigation Center 2, entre otros—, hay distintas instituciones con las que colaboro. En mi caso, las vinculaciones fueron más del lado europeo, con el Joint Research Center - JRC 3. Esa institución depende de la Comisión Europea y el monitoreo de sequías es un tema prioritario para ellos, en el que tienen considerable experiencia. El indicador que estamos aplicando se basa en ese desarrollo y corresponde a una adaptación de la metodología allí propuesta. En ese marco se origina el indicador utilizado aquí.
En Argentina, por ponerte un ejemplo sobre los impactos, la sequía afecta principalmente el ingreso de divisas, dado que somos un país agroexportador. Pero no enfrentamos, a diferencia de Europa, flujos migratorios masivos causados por eventos severos de sequía en África.
E: ¿Quienes integran el equipo de investigación y que líneas de trabajo se destacan para el desarrollo del producto?
Pablo: Actualmente, el equipo orientado al desarrollo de este producto somos 3 personas: Lic. Mg. Mercedes Peretti (becaria doctoral CONICET), Lic. Felix Carrasco Galleguillos y yo como coordinador de la iniciativa. También son parte del grupo de trabajo orientado al estudio de distintos aspectos de las sequías otros 2 becarios y becarias doctorales de CONICET: el Lic. Lucas Kucheruck y la Lic. Emilia Figueiras. Lucas tiene su lugar de trabajo en el SMN y este año es su último año de beca doctoral. Mercedes y Emilia se formaron en Ciencias Ambientales de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires - FAUBA.
En este sentido, una línea de trabajo que llevamos adelante, y permitirá sumar mejoras en un futuro al desarrollo actual del producto, se centra en las “sequías de rápido desarrollo”. Un tema que se considera muy actual por los impactos que pueden generar. Si bien todas las sequías pueden ocasionar impactos importantes, las de rápido desarrollo pueden ser especialmente críticas cuando se dan en zonas agrícolas y ocurren durante los periodos críticos de los cultivos. Esa línea está orientada a mejorar el entendimiento de estas sequías, su climatología y sus forzantes, y está orientada a proveer información relevante para el sector agrícola, y es el trabajo de Lucas.
El trabajo de Mercedes también está orientado a las zonas agrícolas productivas, con foco en la integración de distintos productos de humedad de suelo para mejorar la representación de las sequías de rápido desarrollo. En dicho campo existen datos in situ, datos de modelos y estimaciones satelitales, cada uno con sus ventajas y limitaciones. Por ejemplo, el dato in situ se mide en un punto específico y puede variar mucho a pocos metros de distancia, en cambio los modelos ofrecen una mejor representación espacial, aunque llevan asociados errores inherentes asociada en parte la falta de información detallada sobre el tipo de suelo y la vegetación.
En la segunda línea de trabajo, Emilia está abocada a estudiar cómo se propaga el déficit de precipitación hacia la humedad del suelo y luego hacia la vegetación. Esta línea, a diferencia de lo que te comentaba previamente, no está orientada a zonas productivas, sino a diferenciar el rezago o “delay” entre las señales y cómo impactan en el ciclo hidrológico en distintas ecorregiones. Es decir, que eso va más en las zonas que están relacionadas con el proyecto ENANDES+.
En segundo lugar, me parece importante aclarar que la colaboración SMN / FAUBA / ENANDES+ está enfocada a la escala regional del CRC-SAS pero considerando la importancia de trabajar en escala de cuenca. Como punto de partida del proyecto SISSA y continuando en ENANDES+, empezamos a colaborar con investigadores del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia de Chile. Del lado chileno, el equipo tiene una sólida formación en hidrología. La idea es colaborar para cuantificar la propagación temporal de las sequías desde un déficit de precipitación a la humedad del suelo y por último en términos de caudal. Desde el lado argentino, se trabaja con el mismo enfoque pero analizando el impacto final en la vegetación mediante estimaciones satelitales sobre 4 cuencas con características diferentes de Chile en la relación entre el déficit de precipitación y su impacto negativo en la vegetación: cuánto tarda ese déficit en manifestarse. A veces, se usa el término de estrés hídrico en la planta, análogo al estrés que experimentamos los humanos, aunque manifestado de forma diferente: en la planta se traduce en cambios de color. Dicho en términos más coloquiales, cuando las hojas empiezan a ponerse marrones.
En este marco, se está avanzando en dos líneas de investigación paralelas, pero con impactos diferentes: una en la vegetación y otra en el caudal, que refleja todo lo que ocurre en la cuenca. Es decir, qué parte de esa agua llega al “punto de cierre” de la cuenca, que es donde se mide el caudal.
E: ¿Qué tipo de información pone a disposición este producto? Y, aunque pueda parecer evidente, ¿a quiénes está dirigido? ¿Cuál sería el destinatario principal?
Pablo: Como te comentaba, el indicador combinado integra tres variables: precipitación, humedad del suelo y el indicador del estado de la vegetación. En cuanto a cómo se visualiza, el indicador tiene también tres categorías principales de sequía, representadas con colores tipo semáforo. La primera categoría, en amarillo -“Atención”-, está asociada a un déficit de precipitación que invita a prestar atención a la situación. La siguiente categoría en severidad es Advertencia—warning—. La última categoría y la que reviste mayor severidad es la de Alerta. La primera categoría corresponde al déficit de precipitación; la segunda combina ese déficit con uno ya observable en la humedad del suelo; y la categoría de alerta, en rojo, aparece cuando ya hay impacto en la vegetación asociado a la sequía.
Existen además categorías de recuperación que marcan la transición hacia condiciones normales. En conjunto, estas categorías describen el peligro —o hazard— de la sequía.
Respecto de tu segunda pregunta, el producto está principalmente orientado al sector agrícola en términos amplios, aunque puede ser útil también para productores en forma individual. Como todo sistema de alerta temprana, el monitoreo es solo una parte: debe complementarse con el pronóstico. En el sitio web del CRC-SAS está disponible esa información; combinando el estado actual con el pronóstico a dos semanas —o el horizonte que sea posible con la precisión necesaria—, se puede mejorar efectivamente la toma de decisiones.
En el sector agrícola siempre hay una demanda de planificación a largo plazo: se quiere saber con seis meses de anticipación qué va a pasar. Eso es siempre complejo de garantizar salvo que haya una señal muy clara e intensa del ENSO -El Niño o La Niña- 4,. En cuanto al pronóstico, también estamos tratando de avanzar. El foco está puesto, principalmente, en el monitoreo y en comprender la física de la propagación de la sequía: su velocidad, y como varía la misma, de acuerdo a considerar distintas regiones y eventos. Por ejemplo, ¿es igual en la Región Andina o el Sudoeste de Brasil, que en la Pampa Húmeda? Seguramente, no. Y ahí hay un montón de interrogantes a responder.
E: ¿Cuál es la diferencia entre el indicador combinado que está desarrollando ENANDES+ y otras herramientas disponibles en la región? ¿En qué radica el valor de construir índices/indicadores de este tipo?
Pablo: Bueno, como este producto que estamos desarrollando tiene como antecedente el trabajo de SISSA, recupera algo que valoro mucho: el enfoque sectorial. Lo ideal sería tener un índice de sequía que fuera útil simultáneamente para el sector energético, la navegación y la agricultura, pero eso hoy, por el momento, no es posible. Cada sector requiere un producto específico, porque las necesidades y las escalas temporales de las variables atmosféricas y de suelo que los afectan son distintas. La navegación y el sector energético, por ejemplo, necesitan utilizar y considerar información meteorológica/climática de escalas de tiempo más largas.
Por ejemplo, en el sector agrícola, una ola de calor o una secuencia de veinte días sin lluvia puede presentar grandes riesgos sobre los cultivos. En el sector energético (hidroeléctricas), en cambio, si durante el invierno no se acumula suficiente nieve en la cordillera, el impacto se verá en los trimestres siguientes al disminuir el caudal de los ríos durante la primavera/verano: son otras escalas temporales.
Por eso es destacable el avance que hizo SISSA y que el CRC-SAS continúa: generar productos más específicos. Y la especificidad tiene múltiples niveles: dentro del sector agrícola, no es lo mismo trabajar con soja que con maíz. Pero eso, a la vez, representa un desafío: lograr la generalización sin perder de vista las necesidades más relevantes de cada sector.
Una diferencia que no mencioné antes es que en SISSA, el producto se trabajó usando únicamente mediciones de precipitación en Estaciones Meteorológicas. En ENANDES+, en cambio, se está trabajando con un producto de precipitación de base principalmente satelital que también incorpora observaciones de superficie, lo que tiene la ventaja de cubrir prácticamente todo el “dominio” o cobertura territorial del Sur de Sudamérica.
En esto está enfocado principalmente el trabajo de Felix, que está enfocado en restringir el índice a las regiones agrícolas mediante una máscara espacial. Todo está en proceso, pero la idea es delimitar su aplicación a esas zonas, que es donde el indicador tiene mayor sentido por la lógica conceptual que lo sustenta.
En ciertas zonas de los Andes el indicador puede ser útil, pero en otras la dinámica depende más del caudal de los ríos. En regiones con pendientes topográficas pronunciadas o en zonas áridas con escasa vegetación, la representatividad conceptual del indicador es menor. Por eso se está trabajando en identificar con precisión las fortalezas y limitaciones del índice según la región.
Volviendo a tu pregunta, me parece muy interesante —y siempre lo menciono como ejemplo— que existen cientos de índices e indicadores de sequía. Algunos son muy complejos y, cuando se los compara con índices más simples, la mejora es marginal. Eso lleva a preguntarse si tiene sentido desarrollar algo tan complejo que resulta casi imposible de comunicar.
Hay que tomar una decisión al respecto: a veces es preferible optar por algo más comprensible, como la cadena lógica de que si deja de llover habrá menos agua en el suelo y eso afectará la vegetación tarde o temprano. Mientras tanto, se siguen generando indicadores que muchas veces quedan en el plano de la abstracción, sin ser del todo aplicables o comparables.
En términos de producción científica puede ser muy interesante, pero la pregunta clave es “¿Cuál es el valor agregado a la hora de comunicarlo?”. El índice más utilizado es el SPI 5, que depende exclusivamente de la precipitación: muestra si está lloviendo más o menos de lo esperado para esa época del año en ese lugar, y uno puede caracterizar la severidad en términos probabilísticos. Algo tan sencillo como eso ya es ampliamente utilizado. En este caso, complejizar demasiado no resulta ni comunicable ni práctico para los usuarios.
“Es destacable el avance que hizo SISSA y que el CRC-SAS continúa: generar productos más específicos (...) pero eso, a la vez, representa un desafío: lograr la generalización sin perder de vista las necesidades más relevantes de cada sector”
E:Entonces, el objetivo es construir índices de relativa sencilla aplicación, focalizado en el usuario final.
Pablo: Exacto. Porque esto, además, se basa en que la parte compleja está en los indicadores usados, quizás. El SPI ya tiene una construcción en cierto sentido compleja; pero el concepto de su uso es fácil de explicar y de ser utilizado por los usuarios/actores. En este sentido, es que cobra relevancia el indicador combinado de sequía, que se basa en el desfasaje temporal entre las variables involucradas en la rama terrestre del ciclo hidrológico es explorar y analizar las relaciones de cómo se desfasan en el tiempo una variable respecto a la otra, algo que también articulamos con organismos de Europa y Estados Unidos.
Este indicador lo evaluamos, en colaboración con investigadores de múltiples instituciones de Argentina, Estados Unidos y Europa, y su relación con anomalías de rendimiento de maíz y soja, que es el foco de las zonas productivas. Ese etapa siempre es crucial, dado que permite ir verificando si el indicador es representativo, si refleja lo que uno espera que refleje. Y a partir de esos trabajos previos, se van planteando mejoras.
Eso también motivó el análisis de las sequías de rápido desarrollo, porque con Mercedes habíamos identificado situaciones que no seguían el patrón esperado. Luego dio lugar a la línea de trabajo de Lucas: había situaciones en las que no se daba la progresión esperada de atención a advertencia a alerta, sino que el indicador saltaba directamente a la categoría Advertencia o Alarma. Eso es algo que se quiere optimizar. Así se van descubriendo limitaciones y proponiendo mejoras, a medida que se evalúa el indicador en distintas regiones.
E: Una vez que este nuevo índice esté operativo, ¿qué desafíos y/o oportunidades visualizás para que se consolide como una herramienta aprovechable y sustentable en el tiempo?
Pablo:Una de las dificultades actuales con un producto nuevo -de estas características- es la difusión: dar cursos, charlas, generar visibilidad del producto y las estrategias asociadas a su utilización. Me parece una parte fundamental, especialmente para mostrar que se basa en índices ya utilizados habitualmente en el monitoreo.
En cuanto al uso potencial del producto, lo veo viable precisamente porque es técnicamente simple e intuitivo, en el sentido técnico correcto. A diferencia de enfoques que usan redes neuronales —muy útiles para el pronóstico, pero que funcionan de forma más opaca respecto a la relación entre las variables —, este indicador tiene un mecanismo físico claro: se centra en la causalidad del ciclo hidrológico terrestre. Dicho de forma lineal: si deja de llover, el suelo se seca y eso impacta la vegetación.
E: ¿Qué aprendizajes del trabajo realizado en SISSA se incorporaron al nuevo producto para ENANDES+? ¿Hubo elementos que funcionaban bien en SISSA pero que requirieron ajustes o revisiones para ENANDES+?
Pablo:Podemos decir que la limitación más importante del producto de SISSA es la cobertura espacial. Esa limitación reduce el potencial del producto, ya que en Argentina las Estaciones Meteorológicas están concentradas principalmente en la zona productiva. Ahí es donde se concentra la mayor densidad. Si se visualiza en un mapa, el patrón es elocuente.
Entonces, la primera necesidad que surgió después de implementarlo fue revisar la cobertura espacial para la variable de precipitación, porque las otras dos variables —la humedad del suelo y el índice del estado de la vegetación— ya tienen cobertura espacial completa. Una está basada en un modelo y la otra en datos satelitales. Ambas tienen limitaciones en zonas como los Andes, donde la topografía compleja y la nieve dificultan la precisión tanto de los datos satelitales como de los modelos.
Desde el principio sabíamos que mejorar la cobertura espacial sería el siguiente paso. Una vez que el índice esté evaluado y operativo, el siguiente objetivo será trabajar en mejorar el producto de humedad de suelo. Esos son los pasos que veo en este momento para considerar a futuro.
E: ¿Por qué considerás que esto es estratégico en un contexto regional y mundial de variabilidad climática?
Pablo: Yo creo que se lo puede considerar, potencialmente, como un insumo sumamente provechoso para mejorar la toma de decisiones.
Actualmente, el indicador tiene, por su origen, un trayecto recorrido y validado como útil en la Región de la Pampa Húmeda argentina. En la Zona Andina, el desafío que surge es cuán representativo y útil resulta. Y para dar cuenta de esta propuesta es fundamental interactuar con usuarios locales. Por ejemplo, si además de los caudales —del Pilcomayo u otros ríos de la zona— este índice puede aportar información relevante.
Desde Buenos Aires puedo decir que el índice es útil y representativo, pero al estar en territorio, en la realidad local, la percepción puede cambiar. Eso también me parece hay que resaltar, es uno de los cambios de enfoque más importantes de los últimos años: no solo evaluar desde lo científico o académico, sino pararse desde el lado del usuario y preguntarse qué necesita realmente. Y, en función de este nuevo enfoque, adaptar el producto: quizás desarrollar una versión orientada a otra variable de interés, como el caudal. En regiones específicas habrá que hacer ajustes, pero el interés existe.
El gran desafío es hasta dónde se puede individualizar. Si se trata de una pequeña explotación agrícola, hacer algo tan específico es muy complejo. Cuando se apunta a escala regional, hay que trabajar a escala provincial o departamental como mínimo. La disyuntiva, como dijimos, persiste y recorre la fisonomía de los productos que desarrollamos: si se quiere algo a escala regional, no se puede ir al detalle de cada caso particular y viceversa.
“Uno de los cambios de enfoque más importantes de los últimos años: no solo evaluar desde lo científico o académico, sino pararse desde el lado del usuario y preguntarse qué necesita realmente”
E: Por lo que comentas, parece complejo pensar productos a escala regional con realidades climáticas, geográficas y productivas tan heterogéneas…
Pablo: Es un gran desafío, y encuentro motivador trabajar con ese tipo de problemas.
E:Para finalizar ¿Hay algún comentario o reflexión que quieras agregar? Algo que no hayamos abordado y que te parezca importante destacar.
Pablo: Me parece interesante retomar lo que mencionaste: lo fundamental es mantener esa retroalimentación con los potenciales usuarios. Lo cual, lógicamente, varía de región en región, por las características de cada zona. ENANDES+ está trabajando bastante en esto mismo, en promover ámbitos de interacción —cursos, talleres, etc.— con personal técnico o con usuarios de los distintos productos.
En una disciplina aplicada, esa retroalimentación es esencial. Para no quedarse solo en el plano de las publicaciones de investigaciones científicas, es importante también salir de ese circuito y llevar el conocimiento a la práctica y a las distintas realidades territoriales.
Por eso SISSA es un antecedente necesario para comprender las lógicas de trabajo y producción que continuamos en ENANDES+: como sistema de información, buscó individualizar sectores y construir un buen diálogo con cada uno de ellos, precisamente para mejorar la comunicación. Que el otro entienda lo que uno quiere decir con los tecnicismos es siempre un enorme desafío. Y después está el tema de las necesidades: si esto les sirve o no, y por qué. Hay mucho camino por recorrer, en este sentido, y posibilidades infinitas para mejorar. Estoy convencido de esto.
“En una disciplina aplicada, esa retroalimentación es esencial. Para no quedarse solo en el plano de las publicaciones de investigaciones científicas, es importante también salir de ese circuito y llevar el conocimiento a la práctica y a las distintas realidades territoriales”
- Para más información: https://sissa.crc-sas.org/wp-content/uploads/2025/03/RT-Indice-combinado-de-sequia-agricola.pdf ↩
- Para más información: https://drought.unl.edu/ ↩
- Para más información: https://commission.europa.eu/about/departments-and-executive-agencies/joint-research-centre_en ↩
- ENSO / ENOS: El fenómeno El Niño – Oscilación del Sur ↩
- Índice SPI (Standardized Precipitation Index): Es uno de los principales productos de la vigilancia del clima listado en las Directrices de la Organización Meteorológica Mundial que permite vigilar las precipitaciones, ya sea en términos de lluvias intensas o deficiencias que pueden provocar sequías o excesos hídricos (Fuente: www.senamhi.gob.pe). ↩
Sobre el Proyecto ENANDES+
ENANDES+ es un proyecto coordinado por la Organización Meteorológica Mundial y financiado en conjunto con la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), cuyo propósito es brindar apoyo a seis de los siete países andinos (Argentina, Bolivia y Ecuador se integran a Chile, Colombia y Perú) en sus esfuerzos para fortalecer la adaptación y la resiliencia frente al cambio climático en sectores vulnerables de los Andes. El proyecto amplía la convocatoria inicial de los países del proyecto ENANDES (Colombia, Chile, Perú), incorporando a Argentina, Bolivia y Ecuador e involucra a su vez a los Centros Regionales del Clima de Sudamérica (CRC-SAS, CRC-OSA) y los Centros Regionales de Formación (CRF) de la OMM en Perú y Argentina.
El proyecto se propone mejorar y aumentar la capacidad de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (SMHN) de los países miembros del proyecto para generar y difundir información y conocimientos sobre el clima y el agua que sean oportunos, pertinentes y adaptados a cada sector, a fin de contribuir a la reducción del impacto humano y socioeconómico causado por riesgos hidrometeorológicos como inundaciones, sequías, deslizamientos de tierra y fenómenos meteorológicos extremos, mediante un mayor acceso a alertas tempranas e información sobre riesgos.