El informe del proyecto “Estado de los Incendios Forestales” incluye dos eventos extremos ocurridos en Sudamérica entre los más severos de 2024-2025

El Noreste de la Amazonia y la región del Pantanal Chiquitano en Brasil y Bolivia forman parte de la segunda edición del reporte, que realiza un seguimiento sistemático de la actividad global y regional de incendios durante cada temporada anual.

9 de diciembre de 2025


El proyecto State of Wildfires publicó su segundo reporte anual en donde analiza las causas de los incendios forestales extremos de todo el mundo y realiza una proyección de la ocurrencia de episodios similares en un escenario de cambio climático. El documento menciona el papel del cambio climático durante la temporada de incendios comprendida entre marzo de 2024 y febrero de 2025, y ofrece recomendaciones a los distintos tomadores de decisiones para orientar las políticas nacionales hacia una mejor preparación, mitigación, adaptación y beneficio social.


El estudio fue codirigido por investigadoras e investigadores de la Universidad de East Anglia (UEA), el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido (UKCEH), la Oficina Meteorológica del Reino Unido y el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF), y contó con la colaboración internacional de unas 60 instituciones. Por Sudamérica se encuentran el Instituto Nacional de Investigación Espacial del Brasil (INPE), Brasil; la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil; el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (CEMADEN), Brasil; la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina; la Universidad del Rosario de Bogotá, Colombia; y la Universidad Simón Bolívar de Caracas, Venezuela.


Las sequías y las olas de calor fueron clave para la ocurrencia de cuatro de los incendios forestales extremos más importantes destacados en el período que abarca el informe: Noreste de la Amazonia (enero–marzo de 2024); regiones fronterizas del Pantanal–Chiquitano en Brasil y Bolivia (agosto–septiembre de 2024); sur de California (enero de 2025); y Cuenca del Congo (julio–agosto de 2024).


El informe del proyecto “Estado de los Incendios Forestales” incluye dos eventos extremos ocurridos en Sudamérica entre los más severos de 2024-2025
Para los cuatro incendios extremos identificados se muestran las anomalías en la superficie quemada desde marzo de 2024 a febrero de 2025 en comparación con todas las temporadas de incendios registradas desde 2002.

Las condiciones meteorológicas registradas en ese lapso de tiempo generaron condiciones propicias para la ocurrencia de estos eventos, “mientras que la disponibilidad de combustible y las igniciones humanas determinaron los patrones espaciales y la dinámica temporal de los incendios”, se señala. El reporte consigna además que, en las tres regiones tropicales mencionadas, las sequías prolongadas fueron el factor predominante que posibilitó los incendios, mientras que en el caso de California se combinaron condiciones de calor extremo, junto con eventos de viento intenso y la acumulación previa de combustible.


El análisis destaca que en la Sudamérica tropical el número de incendios detectados entre 2024 y 2025 “fue un 52% superior al promedio anual desde 2002, lo que contribuyó a las mayores tasas de pérdida de bosque por incendios forestales en la Amazonía desde 2016, con alrededor del 60% de toda la pérdida de bosque en la región en 2024 vinculada a incendios”. Los impactos fueron sustanciales para las comunidades rurales e indígenas, con una degradación de la calidad del aire e interrupciones en el acceso al agua potable debido a la sequía que afectaron los medios de vida de estas poblaciones: “Los incendios degradaron la calidad del aire y destruyeron cultivos, viviendas y vegetación nativa, intensificando la inseguridad alimentaria e hídrica de los habitantes de la región, incluidos los pueblos indígenas”, afirma el documento.


Mientras tanto, en la región del Pantanal-Chiquitano, fronteriza con Brasil y Bolivia, “la superficie quemada casi triplicó (+196%) el promedio anual desde 2002, y la superficie forestal quemada superó el promedio en un 466%. Predominaron los incendios de gran magnitud y rápida propagación, incluyendo algunos con un tamaño más de tres veces superior al típico de la región”. Esto trajo importantes pérdidas económicas, potenciadas por la dificultad en apagar los incendios debido al difícil acceso a las zonas en donde ocurrieron.


El informe del proyecto “Estado de los Incendios Forestales” incluye dos eventos extremos ocurridos en Sudamérica entre los más severos de 2024-2025
Pese a que los incendios registrados en el período estudiado fueron menores en promedio en cuanto a la superficie quemada, los impactos fueron severos en cuanto a degradación de los ecosistemas, al impacto en el acceso a agua y calidad del aire y a las economías de las regiones afectadas.
El cambio climático hizo que durante 2024-2025 los incendios fueran más probables

Para cada región, el informe se encargó de examinar los factores meteorológicos y humanos que incidieron en los incendios, así como de realizar una evaluación acerca de con cuánta antelación se podrían haber previsto dichos eventos y la influencia del cambio climático en su probabilidad.


El impacto del intenso fenómeno de El Niño de 2023-2024 elevó las temperaturas y redujo las precipitaciones en gran parte de la Sudamérica tropical, agravando la sequía tanto en el noreste de la Amazonía como en el Pantanal-Chiquitano. En el noreste de la Amazonía se registraron durante ese evento de El Niño déficits de precipitación de hasta un 40% y temperaturas superiores a la media, en una contexto de sequía prolongada de varios años de factores que contribuyeron a agravar el estrés hídrico de los suelos.


En la región del Pantanal-Chiquitano, los incendios extremos ocurridos en agosto y septiembre de 2024 se produjeron tras una sequía plurianual que comenzó en 2019 y redujo el almacenamiento de agua en los humedales a algunos de los niveles más bajos jamás registrados. “Las precipitaciones durante el primer semestre de 2024 fueron inferiores al 60% de la precipitación media anual en muchas zonas, y las temperaturas máximas diarias superaron repetidamente los 40 °C”, señala el reporte. Estas condiciones propiciaron una propagación inusualmente rápida del fuego, con incendios individuales que superaron en tres veces el tamaño típico de la región.


Por su parte, los análisis de atribución realizados por el grupo de investigación muestran que el cambio climático provocado por la acción humana aumentó la probabilidad de incendios extremos en las cuatro regiones estudiadas durante 2024-2025. Esto hizo entre 30 y 70 veces más probable la ocurrencia de condiciones meteorológicas extremas de incendio en el noreste amazónico, lo que aumentó la superficie quemada “aproximadamente cuatro veces respecto de un escenario sin considerar el cambio climático antropogénico”. En el Pantanal–Chiquitano, la probabilidad de condiciones extremas se multiplicó por 4–5, con un aumento de 35 veces en la superficie quemada.


El informe del proyecto “Estado de los Incendios Forestales” incluye dos eventos extremos ocurridos en Sudamérica entre los más severos de 2024-2025
En las cuatro regiones estudiadas el reporte señala que incendios con áreas quemadas como los ocurridos durante 2024-25, son más probables que se produzcan en un clima que se calienta y, en algunos casos, se ven amplificados por cambios subyacentes a largo plazo en los regímenes de incendios vinculados a la actividad humana. Se proporcionan indicadores de nivel de confianza basados ​​en el IPCC y los colores de las celdas se codifican en consecuencia.

Asimismo, los modelos proyectan que eventos de la magnitud observada durante la temporada 2024–2025 podrían volverse hacia el 2100 “hasta 57% más frecuentes en el noreste amazónico y 34% más en el Pantanal–Chiquitano, bajo un escenario de emisiones medio–alto”.


El reporte finaliza con recomendaciones para los hacedores de políticas, advirtiendo que es necesario reducir rápidamente el ritmo de emisiones globales para prevenir el aumento de los incendios en las próximas décadas. En ese sentido, mitigación y adaptación “deben ir de la mano: las reducciones rápidas de emisiones son esenciales para frenar futuros incendios forestales extremos, pero se necesita con urgencia una mejor gestión de la tierra y el combustible, la restauración de los ecosistemas, sistemas de alerta temprana y un mayor énfasis en las medidas preventivas y la participación de la comunidad”.


En consecuencia, una mejor preparación, mitigación y adaptación redundará en beneficio social para todas las comunidades afectadas directa o indirectamente alrededor del planeta.


Acerca del SIGRIFSA

Como parte del Centro Regional del Clima para el sur de Sudamérica (CRC-SAS), el SIGRIFSA busca contribuir a la implementación de sistemas integrados de gestión de incendios forestales basados en la combinación de la ciencia y los enfoques para la gestión del fuego con aspectos socioeconómicos en múltiples niveles.