Según un estudio, los incendios forestales en la Patagonia Argentina y Chile son tres veces más probables debido al cambio climático provocado por la actividad humana
Esta es una de las conclusiones del informe elaborado por la iniciativa World Weather Attribution (WWA) en el que participaron investigadoras e investigadores de Argentina, Chile, Dinamarca, Países Bajos, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos. Los incendios forestales en esa región ejercen una intensa presión sobre la fauna silvestre, la vegetación nativa y las poblaciones cercanas.
9 de marzo de 2026
Los incendios forestales que tuvieron lugar en el centro-sur de Chile y al norte de la Patagonia argentina durante enero de 2026 afectaron bosques nativos, áreas protegidas y poblaciones cercanas, siendo muchas de ellas localidades turísticas a ambos lados de la cordillera. En Chile, el fuego destruyó viviendas y provocó víctimas fatales, mientras que en Argentina obligó a evacuaciones y consumió decenas de miles de hectáreas de bosque. Un estudio reciente llevado adelante por la iniciativa World Weather Attribution (WWA) realizó un análisis de atribución y concluyó que el cambio climático inducido por las actividades humanas incrementó significativamente la probabilidad de que se produzcan las condiciones extremas que favorecieron estos incendios forestales.
El estudio analizó el conjunto de condiciones meteorológicas que favorecieron la rápida propagación del fuego: temperaturas muy altas, baja humedad y vientos intensos. Para ello se utilizó el índice HDWI (Hot-Dry-Wind Index, por sus siglas en inglés), una métrica que combina estas variables para estimar el peligro de incendio. Utilizando este índice, las y los investigadores observaron que las condiciones que provocaron los incendios forestales en las regiones de Chile y la Patagonia se pueden caracterizar como un evento que ocurre una vez cada cinco años en el clima actual de ambas regiones.
Las áreas de estudio en Chile comprendieron la región más afectada entre la costa y las estribaciones de los Andes, alrededor de las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía [71,5°O - costa; 36-38°S]; y un recuadro que contiene la región más afectada a lo largo de la frontera entre Chile y Argentina, en el norte de la Patagonia [41,4-43,4°S; 70,6-72,6°O].
Al comparar el clima actual con un escenario hipotético sin calentamiento global, los investigadores estimaron que en Chile la probabilidad de estas condiciones extremas se triplicó; mientras que en Argentina, la probabilidad aumentó aproximadamente 2,5 veces. Esto sugiere que el calentamiento global producido por la actividad humana ya está modificando el régimen de incendios en la región.
Influencia de la variabilidad natural
El estudio también examinó las condiciones previas al inicio de los incendios y consignó que en los meses anteriores se registraron precipitaciones significativamente por debajo de lo esperado. Según el análisis, las lluvias de la temporada previa fueron alrededor de 25% menores en Chile y en el noroeste de la Patagonia argentina, la reducción fue cercana al 20%. Estas condiciones, combinadas con temperaturas elevadas, aumentaron la evapotranspiración y redujeron la humedad de la vegetación, generando combustibles más secos y propensos a arder.
A esto se sumaron episodios de calor intenso y vientos fuertes que favorecieron la propagación del fuego en zonas de bosques y matorrales andinos.
En ese sentido, las y los investigadores identificaron la influencia de fenómenos de variabilidad natural del clima, además del cambio climático de origen humano: tanto la Niña como el Modo Anular del Sur promovieron anomalías de circulación anticiclónica que favorecieron las condiciones cálidas y secas, lo que incrementó la persistencia y la severidad de los incendios en algunas partes de la región.
Juan Antonio Rivera es investigador en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), CCT CONICET Mendoza. Como autor del estudio opina que “más allá de los resultados que vinculan la severidad de los incendios con el cambio climático antropogénico, algunos factores asociados a la variabilidad natural en múltiples escalas temporales modularon las precipitaciones en el período previo a la ocurrencia de los incendios”.
Rivera afirma que, en particular, “las condiciones de La Niña, que promueven un déficit en las precipitaciones regionales, interactuaron con el Modo Anular del Sur, que alternó fases positivas y negativas a lo largo del trimestre noviembre a enero. Un aspecto que el estudio no analizó, y que sabemos que también jugó un papel importante para generar condiciones propicias para incendios, fue el déficit en las precipitaciones invernales. Buena parte de la tendencia de largo plazo en las precipitaciones en el noroeste patagónico argentino y Chile central pueden atribuirse a la tendencia hacia una fase positiva del Modo Anular del Sur”. Y añade que “resta explorar los forzantes que actuaron en el invierno de 2025 para propiciar condiciones secas a escala regional”.
La combinación de estos factores generó un escenario particularmente favorable para incendios de gran magnitud. “Los incendios forestales en la Patagonia están destruyendo vastas áreas de bosque nativo y pastizales, ejerciendo una intensa presión sobre la fauna silvestre. Especies vulnerables como el huemul y el pudú están perdiendo hábitat crítico, mientras que aves como el carpintero negro patagónico y muchas plantas nativas se quedan sin sitios de anidación ni semillas viables”, apunta el informe.
Asimismo, los incendios también alcanzaron al Parque Nacional Los Alerces, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y famoso por sus antiguos alerces, algunos de los árboles vivos más antiguos de la Tierra.
Por otra parte, en ambas regiones, se señala que los árboles aciculares no nativos contribuyeron al aumento del riesgo de incendios forestales: “Las zonas de monocultivo de pino (pinus radiata) son altamente inflamables debido a la estructura combustible similar ininterrumpida, la densidad de las masas arbóreas y la inflamabilidad de las especies. Tras incendios forestales anteriores, el pino adaptado al fuego ha reemplazado a la vegetación nativa, ya que el clima continúa aumentando el riesgo de incendios forestales: aumenta la probabilidad de sucesión por especies adaptadas al fuego e incluso un alto riesgo de incendios forestales”.
Al respecto, Rivera apunta que “la pérdida de bosque nativo y la introducción de especies exóticas como el pino o el eucalipto están incrementando el combustible disponible para intensificar los incendios en la Patagonia. La recuperación de los bosques nativos es más lenta y requiere intervención humana para lograr una tasa de éxito satisfactoria”. En ese sentido, el investigador manifiesta que “existen tres aristas que potencian los incendios: el cambio climático antropogénico, la variabilidad natural y el cambio de uso del suelo. Las interacciones entre estos factores no necesariamente son lineales y requieren un análisis detallado para obtener información que pueda ser útil para el desarrollo de planes de manejo del territorio”.
Proyecciones
Comprender cómo interactúan el clima, el paisaje y la actividad humana resulta clave para anticipar y reducir el impacto de los incendios. Las proyecciones de los modelos climáticos analizados en el estudio coinciden en que las condiciones meteorológicas favorables a incendios severos seguirán intensificándose en las próximas décadas si todo continúa igual. Al mismo tiempo, la investigación destaca la importancia de fortalecer las estrategias de gestión del riesgo, entre ellas los sistemas de monitoreo y alerta temprana, la planificación territorial en zonas de interfaz urbano-forestal, el manejo de combustibles y vegetación, y la preparación de comunidades expuestas.
“En un contexto en el que el cambio climático genera condiciones de sequía más prolongadas, que se combinan con persistencia de temperaturas extremas, y a su vez con condiciones que favorecen la ocurrencia de tormentas eléctricas, es necesario generar el conocimiento científico que apunte al pronóstico de condiciones meteorológicas de riesgo de incendios y al monitoreo del estado de la vegetación”, afirma Rivera al ser consultado sobre qué información científica se necesita para comprender mejor estos eventos.
“Estos conocimientos podrían combinarse con productos existentes como el índice de peligro de incendios, para asistir a los tomadores de decisión en relación al manejo del fuego y el desarrollo de planes que apunten a evitar los mayores impactos de estos fenómenos. Resulta necesario acoplar el conocimiento del terreno y el funcionamiento de la atmósfera”, finaliza.
Acerca del SIGRIFSA
Como parte del Centro Regional del Clima para el sur de Sudamérica (CRC-SAS), el SIGRIFSA busca contribuir a la implementación de sistemas integrados de gestión de incendios forestales basados en la combinación de la ciencia y los enfoques para la gestión del fuego con aspectos socioeconómicos en múltiples niveles.